Restaurant Marisquería Rías de Galicia.

Excelente servicio y los mejores productos para los amantes de la buena cocina.

La historia de Rías

Rías , como todo el mundo, tiene su propia historia. La suma de alegrías , adversidades, coincidencias, casualidades y fortuna, un tiovivo en el que la atracción es la vida misma. Rías tuvo un principio y este es el relato y el resumen de lo que puede tener interés.

Nuestros padres, Cándido y Pura, empezaron mucho antes de Rias. Se casaron en 1966 y en 1973 abrieron el que fue el primero de sus proyectos en común . En los 7 años que transcurrieron entre la boda y la apertura del Marisqueiro panduriño ambos se dedicaron a cosas distintas. Mi madre, peluquera y mi padre, director de Bacarrá y La Ruleta, dos discotecas de la época. Como los horarios eran incompatibles, uno se iba cuando el otro venía, decidieron abrir su propio restaurante. Nuestra madre sabía cocinar pero era autodidacta, aprendía día a día e iba probando cosas nuevas. En aquellos años la Fira de Barcelona no le prestaba atención necesaria a la gastronomía y de eso se aprovechaban los que ,con vista, se ponían alrededor de la feria. El Panduriño estaba en la calle floridablanca número 3, muy cerca del recinto ferial y eso fue clave en su fulgurante y espectacular éxito . Recuerdo colas de decenas de metros, y puede que más, y dar de comer hasta las 7 de la tarde.

Recuerdo montañas , literalmente, de sacos de ropa que me doblaban la altura y en los que jugábamos los hermanos, de niños, a escondernos debajo y tirarnos encima ,como hacíamos en los montones de heno y paja que abundaban en Galicia en verano. El trabajo era durísimo, exigente y dejaba exhausto a todo el que trabajaba allí. Eran, sin embargo, 6 o 7 días al mes que garantizaban la continuidad del restaurante. Esa garantía empujó y animó a mis padres a embarcarse en un proyecto de envergadura, el gran proyecto profesional de sus vidas.

En la calle lleida levantaban un edificio nuevo, justo enfrente del recinto ferial, y se plantearon construir un nuevo restaurante. Eran tiempos en los que los bancos eran otra cosa. Los directores tenían un poder y una autonomía que ahora es utópica y surrealista. Un director de La caixa, cuando era La caixa, le dio el crédito necesario para poder hacer frente a la inversión, sin avales, sin más garantía que la confianza en la persona, en su palabra y en el proyecto. Cuantas veces me habrá recordado mi padre que sin el señor Badía nada habría sido posible. Hoy no lo hubiera sido. No hay señores Badia en los bancos.

Abrió en junio de 1986. Le quitó el sueño a mis padres muchas noches, hasta rozar la desesperación, pero salieron adelante.
Este año hemos celebrado el 25 aniversario con una inmensa ilusión. Hemos sobrevivido a 25 años de historia. Ha cambiado el mundo y hemos cambiado nosotros. Nos hemos vuelto más quisquillosos, exigentes y obsesivos con la calidad. De querer hacerlo bien a poner como objetivo ser siempre mejores. La única ventaja de querer alcanzar lo que es inalcanzable, la perfección, es que el que lo intenta se queda más cerca.

Hemos hecho tantos cambios, tantas evoluciones, que hemos perdido la cuenta. Lo de hoy no se parece en nada a lo de ayer, ni el restaurante ni nosotros. Han pasado cientos de trabajadores, de los que hoy se mantienen 40. Algunos se han ido dejando en nosotros un recuerdo inolvidable. Argelio díaz fue nuestro jefe de cocina durante 18 años y falleció tristemente hace dos. Hemos cambiado la carta, la oferta, el concepto, hemos cambiado los proveedores, los controles de calidad, la gestión administrativa, la decoración , el vestuario, tantas veces como hemos podido y menos que las que nos hubiera gustado. Hoy estamos en un punto que nos gusta y que disfrutamos. Muchos amigos , muchos clientes y aún conservamos las ganas de seguir trabajando. Es nuestra forma de vida.

En el camino ha habido de todo. Hemos gestionado otros restaurantes, el del Squash Barcelona, un renombrado gimnasio al lado del Camp nou, el Enxebre 2 en una calle de la zona alta ,Mariano Cubí y un local que llevamos en nuestro corazón como algo extraordinariamente especial. El Flash, o más concreto, Gordon Flash. Un pub de barrio, lo más encantador y entrañable que he conocido. De colores naranjas, cuero rojo oscuro y poca luz. Un altillo para gente enamorada con un gran retroproyector, una mesa de billar, dardos, camareras que eran amigas, buena música y grandes amistades de las que duran toda la vida. Recuerdo como se bajaban las persianas de madrugada y se quedaban dentro los elegidos, los de la profesión de hostelería que no se iban a casa porque nadie les esperaba despierto, los juerguistas, los faranduleros y los funambulistas de la vida. Cómo echamos de menos aquellos tiempos. Hay lugares en los que se puede crear magia. Y aquel era un sitio mágico.

Hoy nos consolamos ,e imaginamos que sabéis cuanto, con nuevos proyectos que nos entusiasman. Con los hermanos Albert y Ferran Adrià hemos abierto Tickets y 41°, dos proyectos de trascendencia gastronómica que está desbordando nuestras expectativas. A todos. Gozamos del cariño de la gente y nos hace felices. Intentamos devolver en la medida de lo posible parte de lo que recibimos.

Rías sigue su curso, navegamos en aguas turbulentas en medio de la tempestad pero nos mantenemos a flote, orgullosos de nuestro trabajo y de nuestros clientes. La nave va.